[Híbrida]

Híbrida es una consultora operativa que ayuda a las organizaciones a tomar decisiones claras en procesos críticos —físicos y digitales— mediante análisis técnico, documentación precisa y criterio basado en la realidad. Transformamos entornos complejos en información útil y accionable, para optimizar operaciones, reducir costes y sostener el cumplimiento normativo.

Botes de plástico, foto de Amaury Cabrera.

Caso 2 / Optimización de procesos en una planta industrial con paradas recurrentes

Un proyecto centrado en reducir variabilidad y estabilizar la producción mediante ajustes operativos reales.

Por motivos de confidencialidad, nos referiremos aquí a la planta como Inyectados Serván: una fábrica de inyección de plástico técnico, dos turnos, unos cuarenta trabajadores, que produce piezas para clientes del sector de electrodomésticos y automoción. Cuando empezamos a trabajar con ellos, el problema que nos plantearon parecía simple de enunciar y llevaba meses sin resolverse: una de sus líneas paraba de forma recurrente, sin que nadie supiera explicar bien por qué.

El punto de partida

En el día a día, esas paradas se habían normalizado como «cosas que pasan». El responsable de producción las apuntaba en un parte como avería genérica, el de mantenimiento revisaba la máquina, no encontraba nada roto, y la línea volvía a arrancar. Nadie había juntado nunca esos partes para ver si tenían algo en común, porque cada parada, vista sola, parecía un caso aislado. Sumadas a lo largo de un mes, sin embargo, representaban una pérdida real de capacidad que la planta llevaba tiempo absorbiendo como si fuera inevitable.

Qué encontramos al mirar de cerca

En vez de partir de una hipótesis, empezamos por registrar: varios días en planta, apuntando cada parada con su hora, su turno, el operario presente y la referencia de producto que se estaba fabricando en ese momento. No hacía falta ningún dato complejo, solo hacerlo de forma sistemática y durante el tiempo suficiente para que apareciera un patrón. Y apareció: las paradas no eran aleatorias en absoluto. Se concentraban, de forma muy clara, en los arranques posteriores a un cambio de referencia y en los primeros minutos de cada turno.

El diagnóstico real

Al hablar con los operarios de cada turno, salió el motivo. El procedimiento de arranque tras un cambio de molde no estaba escrito en ningún sitio — cada operario lo hacía «a su manera», con su propio criterio de cuánto tiempo dejar precalentar el molde antes de empezar a producir en serio. Cuando ese precalentado era insuficiente, las primeras piezas salían con defectos, se acumulaban, y en algún momento alguien decidía parar la línea para revisarlas y separarlas a mano. Esa parada quedaba registrada como avería, cuando en realidad no había fallado ninguna máquina: había fallado la falta de un criterio común para arrancar.

Los ajustes que se hicieron

La solución no pasó por ninguna inversión grande. Se documentó, por primera vez, un procedimiento de arranque y cambio de referencia con tiempos de precalentado concretos, validados con los propios datos registrados en planta, no con una cifra de manual genérico. Se dejó una lista de comprobación visible junto a la máquina, con los pasos en orden y el tiempo mínimo de espera antes de considerar la primera pieza como válida. Y se estableció un criterio claro de cuándo una parada debía considerarse avería real y cuándo era, simplemente, parte del proceso de arranque — para que dejara de mezclarse todo bajo la misma etiqueta y los partes volvieran a servir para algo.

El resultado

En los dos meses siguientes, las paradas atribuidas a esa línea se redujeron a menos de la mitad, y las que seguían produciéndose eran, por primera vez, identificables y explicables — ya no aparecían como sucesos sueltos sin relación entre sí. La planta no ganó una máquina nueva ni cambió de proveedor de material: ganó un criterio común que antes no existía, y un registro que permite ver si la mejora se mantiene en el tiempo o empieza a degradarse otra vez.

Por qué lo contamos

Este es el patrón que más se repite en nuestros diagnósticos operativos: el problema casi nunca es la máquina, es la falta de un criterio compartido y de un registro que lo sostenga. Por eso, cuando cerramos un proyecto como este, no nos limitamos a entregar un informe — dejamos el procedimiento documentado y, cuando encaja con la planta, conectado a un sistema de gestión de mantenimiento que lo mantiene vivo, en vez de que se pierda otra vez en la memoria de quien esté de turno ese día.

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